A horas de la decisión legislativa por el matrimonio gay en Argentina, adelanto del contenido del post: no voy a dar mi opinión al respecto.
Sin embargo me parece oportuno recordar que la dinámica de la discusión pública reafirma una serie de problemas que me gusta sintetizar como “las peleas de slogans“.
Al final, quien inicia la discusión siempre es quien marca la cancha. Sucedió con la Ley de Medios, como sucede cada tanto con cuestiones medioambientales, y otros casos en los que se busca colocar a la ciudadanía en posturas férreas y sin retorno. La mejor estrategia para ello es instalar, retomar y reprocesar slogans.
Contra el campo fueron los “oligarcas”, contra la ley de medios era la “ley de la dictadura”, y contra la Iglesia son las afirmaciones “de tono inquisidor”. Por otro lado se responde como “los trabajadores del campo”, “la libertad de expresión” y “la ley del demonio”.
¿Son los protagonistas o son los medios?, a priori no lo se, pero la discusión pública sobre matrimonio de personas del mismo sexo está viciada de la misma opacidad mediática que todo lo que debería discutirse civilizadamente.
Muchos temas serios y trascendentes han aparecido en la escena durante este período democrático, y sin embargo en ningún caso se ha podido discutir democráticamente. Los actores sociales (independientemente de su grado de representatividad objetiva) son presentados como “buenos” y “malos”, y las peleas de slogans no ayudan a comprender al otro ni a la reflexión profunda.
Coincido en todo con vos Martín. Mientras sea “a ver quien la tiene más larga” se vacía de todo contenido democrático la discusión. Estamos perdiendo la posibilidad de debatir temas importantes guiados por una la lógica “Divide y reinaras”
El análisis de otro profe de la uca que también vale tener en cuenta http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1284232
Saludos
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Martín, no coincido: si se puede y se debe discutir, reconocer derechos a personas que de hecho ya viven como en matrimonio no es algo menor. Los que se oponen deberían mantenerse al margen ya que no tendría porqué incumbirles.
Más aún, en este caso particular, la religión tendría que haberse quedado al margen de la Política, en tantos esferas de la realidad.
Slds,
Juan
Hola Juan, gracias por pasar por blog2.
Más allá de lo que pueda opinar sobre la Iglesia (no sobre la religión en general), está claro que es un actor social. También lo son aquellos que como decís están en pareja hace muchos años. Volveríamos a la cuestión civil y a las instituciones preconstitucionales, entre otras cuestiones que fueron tomando tomando forma poco a poco durante los últimos siglos.
Sin embargo me refería al tono y a la profundidad de la discusión. Cuando decía que se trató de una pelea de slogans quise decir que no son argumentos sino frases hechas que son convenientes a los medios. Es una irresponsabilidad de quienes ponen la cara hacia los medios, como una irresponsabilidad de los medios mismos.
A esta altura, y en tantos otros temas, creo que hay argumentos razonables desde todos los enfoques de los problemas, pero discutirlos en serio implica un esfuerzo que no todos están dispuestos a hacer.
La otra cuestión es la idea de debate democrático: y en esto tengo más dudas que sobre cualquier otra cosa. Se dice democrático cuando hay alguna organización (no particulares sino organizaciones) que no es el gobierno dando su opinión al respecto. Eso está lejos de mi idea de democracia…
Un abrazo
@Martín Parselis
Gracias por la respuesta Martín.
Voy a aclarar más mi posición: siempre estuve a favor de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario, reconociendo TODOS los derechos, en definitiva es mi postura y hablo desde ese lugar.
La discusión me pareció “democrática”, por suerte todos tenemos posibilidad de expresarnos; y más afortunadamente se hace más difícil tapar el sol con las manos, y querer evitar que salga una ley que no hacía más que reconocer derechos ex-ante, y no crearlos ex-post.
La verdad que no escuche una sola razón para oponerme al proyecto de ley tal como se aprobó, y la verdad que más allá que dios exista o no, se hizo justicia con una minoría discriminada, por suerte mis hijos vivirán en una nación más igualitaria.
Abrazo,
Juan
Para este caso como para cualquier otro, me parece que estar de acuerdo con una ley tal como salió no debería eliminar otras posiciones razonables, incluso entenderlas y respetarlas. El grado de razonabilidad de distintas posturas no se ve en su magnitud si no se presenta adecuadamente. Ahí es donde va mi punto. No es democrática la discusión mediática basada en slogans y actores sociales dispuestos a difamar o destruir más que a dialogar (es tan falso Iglesia = dictadura como homosexual = sida). Luego hay una cuestión estructural de representatividad, y de cómo las organizaciones defienden sus intereses dentro del “debate democrático” que es el otro tema que me preocupa… Hasta acá la preocupación es general, independientemente de estar a favor o en contra del matrimonio de personas del mismo sexo.